Martes
1.
Gripa, no. Bronquitis.
2.
Aquella manía —heredada de un tipo de cinematografía efectista y acelerada que he consumido en cantidades por encima de lo que me gustaría reconocer—, que consiste en mirar por la ventana del transporte público, ubicar un tableaux que congele uno o una serie de actos, y en cuanto el movimiento del transporte saque este pequeño cuadro vivo del campo de vista, imaginar su continuación trágica. Este es el ejemplo de hoy:
Tres personas en la azotea de un edificio de tres pisos caminan alrededor de un gran tanque de gas muy cerca del borde. Una de esas personas es una mujer con camisa polo azul y su bolsa de mano (la bolsa de mano y la azotea son dos objetos que me parecen se llevan poco). [Hasta ahí lo visto.] La mujer se acerca a asomarse al borde. Un pie, enfundado en unos zapatos para adelgazar de talones redondeados, se atora en un pedazo de metal. Trastabilla y cae. La banqueta llena de curiosos. Dos ambulancias, varias patrullas. Un cuerpo cubierto. Los contenidos de la bolsa de mano regados.
3.
El Proust diario:
…porque en Combray “una persona desconocida” era un ser tan increíble como un dios de la mitología, y no se recordaba que ninguna vez que una de aquellas apariciones estupefacientes habían ocurrido, fuera en la plaza, fuera en la calle del Espíritu Santo, una diligente investigación no hubiera terminado por reducir el personaje fabuloso a las proporciones de una “persona conocida…
(I, 77)