Cotto vs. Margarito

No tiene mucho sentido escribirlo ya pasados dos días:

Antonio Margarito tiró a Miguel Cotto en el round 11. Los apostadores no lo esperaban –gran día para quienes pusieron su dinero con el retador. La esquina de Cotto fue la que detuvo la pelea; el referi probablemente lo habría dejado seguir.

Cotto peleó como quien está en una sesión de sparring: se alejaba con prisa, se sentaba en las cuerdas, contragolpeaba.

Margarito, por su parte, seguía yendo hacia el frente, sin moverse demasiado, sin demasiados recursos. La contundencia de los puños propios, como la gracia, es materia engañosa: no es sencillo confiar en la capacidad de derribar al otro, del mismo modo que no es sencillo abandonarse a la certeza de que la gracia está de nuestro lado. Demasiada fe en un momento en el que lo absolutamente físico dicta todas las reglas.

Margarito lanzó 987 golpes durante poco más de media hora. Y aún así Cotto conectó más. 280 contra 267.

La aritmética de los golpes finalmente importó poco. Cotto aguantó menos, terminó en una de las esquinas neutrales, arrodillado, exahusto.

En el pasado, Shane Mosley y Floyd Mayweather Jr. declinaron pelear contra el poco conocido Margarito. Habrá que ver quién le sale al paso.

One thought on “Cotto vs. Margarito

  1. De acuerdo: Cotto peleó como sparring, pero sólo a partir del séptimo. Recuerda que se creció en el cuarto y dominó el quinto y el sexto.
    En desacuerdo: ¿”sin moverse demasiado”? Margarito se movió por absolutamente todo el maldito ring, persiguiendo a Cotto.
    Sí, una cuestión de fe, mas “en lo absolutamente físico”.
    ¿No crees, Prójimo, que Margarito venció en el primer round, cuando le acertó a Cotto ese gancho entre el esternón y el plexo –ese gancho que resonó en todo Las Vegas? En ese momento quedó claro que la guardia del boricua no era inexpugnable, que su macizo torso resentía un gancho bien puesto pero relativamente marginal en un conjunto que busca los directos que cimbran costillar y vísceras, los uppers marca despegue-del-Apolo asestados de lleno y con todo. Y last but not least, ese gancho le avisó a Cotto que toda su ciencia del hurtarse, que no era poca, no bastaba para ponerlo fuera de alcance.

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