Apreciación del obituario: dfw

No conozco las reglas del género, aunque supongo que hay dos corrientes dominantes: la estetizante y la acomodada.

Invariablemente habrá que hablar del personaje, porque ha muerto. Los Notables entre la multitud de apenas conocidos y las masas de anónimos, reciben el apapacho de las frases cadenciosas que hacen épicas sus horas más insulsas. Obituarios de este tipo traicionan al autor: algo querrá: la nota fúnebre como mensaje cifrado, la firma en el obituario como tarjeta de presentación

Por otro lado, hay quienes, esforzados practicantes, se empeñan en embellecer anonimatos. Personajazos todos: el bolero, ávido coleccionista de pelusas y monedas sin valor, la vendedora de billetes de lotería, el contador público, todos expuestos bajo la luz más favorecedora, coloreados de tierna simpatía. Las pequeñas idiosincracias son las partículas elementales de epopeyas desconocidas. El autor, finalmente, se desliza hacia un lado como el artista que se para a un lado del cuadro, como el escritor que ojea a la distancia a quien levanta su libro.

No conozco las reglas del género porque el obituario es un género en desuso. Lo que nos queda son los soundbytes.

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