no más que movimiento

Desde hace unas semanas he estado escuchando en un endless loop a Gnarls Barkley.

No tienen ningún atributo extraordinario, por lo menos no que me resulte perceptible. Lo único que encuentro ahí es el abandono de los infantes ante una alberca: un salto y una perfecta libertad de movimiento; porque, qué otra actividad humana ejemplifica mejor el movimiento en estado puro, su parte más desenfadada, que las piruetas y los bamboleos de un cuerpo dentro de una picina. 

Aunque, en realidad, no hay sólo desenfado y pureza en quien se regodea dentro del agua: siempre está la posibilidad del hundimiento y el ahogo.

Quizá esa ha sido el encanto de estos días con Gnarls Barkley: que, contrario al melodrama implícito en su famosísima Crazy, por lo menos en Going On no hay más que movimiento.

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