Fin de la estancia en el hospital y principio de la no protagónica convalecencia (ya, el último)

Cuando la enfermedad no te toca, toda picazón, toda imperfección cutánea, todo estallido eléctrico entre dos células parece síntoma de algo por venir: las enfermedades tienen el don de la ubicuidad. La metáfora para un dios como el que nos gobierna no debería ser la muy manoseada de la circunferencia cuyo centro… sino una más clínica: la divinidad es una enfermedad cuyos síntomas están en todas partes y su cura en ninguna… algo por el estilo…

Y  cuando la enfermedad está cerca pero no habita el cuerpo propio: uno se llena de un pesimismo recombinante: el cuerpo enfermo es algo demasiado literal.

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