Cancioncita inspiradora para el medio día.

Es justo lo que uno espera ver en la última parte de una hipotética película de Wes Anderson. Uno ha aprendido, gracias a los trabajos del héroe o la heroína, que no hay redención ni grandes triunfos, que asumirse como un resignado sonriente es el triunfo máximo. Algo así propone la película que escribió Eggers, creo: la aspiración máxima de nuestro tiempo es  –disculpen la rima– la resignación.