Loop infinito

Hacía mucho tiempo que no escuchaba una canción romantipunk con tanto entusiasmo.
Me recordó al loop infinito que me dió hace unos meses con esto otro.

Pero total… yo no sé nada de esto.

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A cuenta de vacaciones

Lo embarga a uno el desconcierto cuando un jueves por la madrugada aparece una gotera en el umbral de la puerta de entrada de una habitación en una casa de planta baja. Se está filtrando la mierda del vecino, piensa uno. Y corre por una cubeta. Luego ya todo es un borrón de insomnio y desconcierto.

No era mierda, eso puedo decirlo.

Era agua filtrada de un grifo mal cerrado que fue adquiriendo una coloración cada vez más turbia en tanto que pasaba por capas y capas de yeso, sarro, tubería, asbesto y sepa la madre cuánta porquería ande atorada entre el techo de la casa que habito y el suelo de la casa de arriba.

El conjunto fue habilitado como vivienda a principios del siglo XX: seguro es mucha mierda.

Pero no era mierda mierda.

Use guantes para manipular las cubetas medio llenas, cubrí con periódico el piso de madera que amenazaba con hincharse de agua color óxido. Pasé varias veces un trapeador, ese sí, henchido de Pinol.

El desconcierto no radica sólo en la inconveniencia de escuchar cómo las gotas golpéan el plástico y luego la rebanadita de agua que se acumuló. El desconcierto está en que pedí el día para lidiar con el desperfecto, el amago de inundación, las negociaciones vecinales y el posterior trabajo de limpieza. En dos años no he pedido días. (Amerita unas cuatroscientas palabras hablar del uso del verbo pedir para el acto de avisar que uno faltará por causa cualquiera al trabajo… tan modocitos, nosotros.) Y es desconcertante descubrir que el día que me tomarán a cuenta de vacaciones –unas vacaciones, insisto, vírgenes–, se diluyó en pelearme con unas goteras.

Pero no era mierda mierda, eso sí.

sobre estilo

La leyenda cuenta que grabó “I’m a fool to want you” en una sola toma. Algunos dicen que la letra de la canción ajustaba perfecto con el estado de cosas entre él y Ava Gardner. Terminó de cantar, tomó el sombrero –que comenzó a usar con regularidad no mucho tiempo antes– y a caminar en la madrugada. Salió por la puerta trasera del estudio.