La pequeña maldición de todos los días.

 

La maldición no es el presentimiento de que las cosas se van a ir lentamente a la chingada –ese mal sabor de boca, el tufillo sulfuroso, el frío inusual en la recámara, las miradas y medias sonrisas de desconocidos en la calle. La maldición está en que cada una de esas ansiedades en su momento vagas, vayan tomando cuerpo, regularidad, rutina.

No debería de levantarme hoy es una frase que humilla por partida doble: se burla de la condición de ser sujeto de horarios y, quizá más doloroso, trae implícita una claudicación, una negativa, una imposibilidad de hacer justo eso que se debería de hacer.

Y me levanto, humillado y medio paranoico. Y el día explota como un cohetón en un barrio de esos que con cierta rutina viven la tragedia del descuido del vecino con su pólvora.

 

 

Advertisements

Dos colgados

De pronto y a propósito de nada me topé con esta coincidencia:

 

Ejemplo

En la rama el expuesto cadáver se pudría,
como un horrible fruto colgante junto al tallo,
rindiendo testimonio de inverosímil fallo
y con ritmo de péndola oscilando en la vía.

La desnudez impúdica, la lengua que salía
y alto mechón en forma de una cresta de gallo,
dábanle aspecto bufo; y al pie de mi caballo
un grupo de arrapiezos holgábase y reía.

Y el fúnebre despojo, con la cabeza gacha,
escandaloso y tumido en el verde patíbulo
desparramaba hedores en brisa como racha.

Mecido con solemnes compases de Turíbulo.
y el sol iba en ascenso por un azul sin tacha,
y el campo era figura de una canción de Tíbulo.

Salvador Díaz Mirón

Periodismo como una novela

Periodismo como novela de Raymond Chandler. Y un final abierto.

 

Once Mancini was gone, in the cloak of darkness, a shadowy figure — a man — walked across Somerset Street. He entered the crematorium, placed the body bag containing Rose Oprea’s remains on a gurney, and wheeled it back across the street, to a funeral home that Lou Garzone owned, where the cutters were waiting.

 

The cutters drove down from New York usually in the morning. They arrived in broad daylight. They went to work on a rusted table in a cramped, fetid, windowless, blood-encrusted embalming room one of them would later liken to the back of a butcher shop.

 

O’Brien began Googling addresses from forms Johnson had also shown her: All were for tissue-transplant companies, scattered around the country.

 

Y el hecho de que sea como una novela no lo hace mejor periodismo. Y sin embargo, la prosa, indisociable de los hechos, es tan efectiva que pareciera que el que sea como una novela lo hace mejor periodismo.