Domingo

1.
No termina todavía el partido debut del Querétaro; es decir que pueden ser todavía más goles en contra los que se lleve del Azteca. Sin embargo, el mal sabor de boca esta vez es distinto.

Elegir a los Gallos Blancos como equipo predilecto es en el fondo aficionarse a la mediocridad y al gol en contra; por eso ir perdiendo un partido que pareció, durante los 15 minutos iniciales, que sería una victoria es una condición de lamentable normalidad.

Decía que es distinto el regusto es distinto porque el equipo no es el de hace un torneo. La lentitud y la torpeza como estrategia ha sido sustituida por un orden elemental pero tozudo. Tosco, voluntarioso y con algunas carreras emocionantes en ataque. Y hoy están perdiendo con un gol desviado en un defensa y otro, ese sí, más convincente.

Perder así no es más gustoso. La mediocridad es la norma pero eso no la hace deseable. Sucede solamente que hay cierta promesa en un equipo que por momentos se inspira y rompe con su costumbre. Y para un domingo tan pesaroso como todos los demás, da gusto saber que esta temporada no sólo será una meditación sobre la tristeza y la desesperanza.

El chaparro Franco y el colombiano Cortéz.

Y anotan un gol en el minuto último, y acaban el partido cuando los Gallos Blancos del Querétaro querían montar un ataque desesperado. Qué molesto final del partido, tan emocionante.

2.
Y qué miedo ver la programación regular de domingo. Deprimente y cretina.

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