Viernes

1. 

La hora a la que abren los comercios y el triunfo vano –más incómodo que orgulloso– del inicio tempranero. Como con tantas cosas, que el día comience antes que el de, por decir algo, los locales comerciales que están en mi camino, promete un orgullo victorioso que, con toda honestidad, nunca se materializa.

Estar por la acera cuando los dependientes, en bufanda y con el pelo húmedo, nítidos como caricaturas recién dibujadas, destraban los candados y levantan las cortinas metálicas parecería un ejercicio saludable. El madrugador, se dice, ve al día a los ojos, se entiende de otro modo con los menesteres y, odioso cumplido, le “rinde más el día”.

Es mi caso que al andar por la calle cuando los comercios apenas abren la sensación dominante es la del extravío y el desconcierto. Como quien llega a una fiesta dos tiempos antes de que estalle una carcajada y no puede estar seguro de ser él quien la motivó, así.

2. 

3.

“A substantial part of what lies ahead of you is going to be claimed by boredom”, J.B.

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