Lunes

1.

Jornada desigual: fue un partido tenso, competido, pleno de talento y sus consecuencias, y al final descorazonador el de los Pingüinos. Los Gallos, por su parte, defendieron un gol hasta el desfiguro, ensuciaron la cancha con errores inconcebibles para un grupo de profesionales y resulta que, merced de este triunfo, están cerca de clasificar a las finales.

Desiguales emociones, pues. En uno, la compulsión de sentirse involucrado en la búsqueda de un gol que empatara en juego. En otro, la simétrica y contraria angustia por evitar recibirlo.

Desiguales apreciaciones, por lo tanto. En uno, el gozo a pesar de la derrota -un gozo parecido al que Gumbrecht detalla en su tratado sobre la estética deportiva. En el otro, lo sublime del pánico ante lo que parece inevitable y, sin embargo, gracias al esfuerzo o la fortuna, no acontece.

 

2.

La visita al médico de este fin de semana me dejó ver que el consultorio es la zona cero de la espera.

Y quizá, apunte para una tesis de grado por venir, la prevalencia del animo clínico desde hace un par de generaciones sea quien dote de particularidad a la espera contemporánea. Ya no es el laberinto burocrático traído desde la Colonia, podría empezar esa hipotética propuesta de tesis, sino una compulsión por medicalizar todos los aspectos de la vida lo que codifica nuestra espera.

 

3.

Las esculturas life-size de Duane Hanson.

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