Martes

by Pablo

1.

Nada había escrito sobre el triunfo Gallo y el pase a las finales del futbol mexicano como el octavo y último equipo. El suceso es a tal grado extraño y, lo digo con pesar, irrepetible, que habrá que pedir el día, hacer el viaje al terruño, beber las cervezas aguadas y aposentarse en el segundo piso del estadio a disfrutar el juego de un equipo capaz y habilidoso frente a otro hecho de balonazos al frente e ilusión. Y regresar esa misma noche, incendiadas todas las reticencias, con la certeza de que el sábado se termina de gestar el descalabro. Demasiadas palabras para decir, qué ganas de ir al estadio; qué poco razonable.

Qué terrible palabra, “Liguilla”. No había escrito nada hasta ahora porque no sabía como lidiar con el asunto “Liguilla”. Es una pena que algo en el mundo haya sido bautizado como “Liguilla”. “Liguilla”, si no otra cosa, pone de manifiesto esa característica marcada de un país que busca lectores como quien busca participantes en concursos, asistentes a foros de televisión. “Liguilla” suena mal; es molesta cuando se escribe y penosa cuando se tiene que pronunciar. Si el medio es el mensaje, “Liguilla” es el convite anual de alguna sociedad de filólogos aficionados o el nombre de la rifa que se hace cerca de las navidades para juntar fondos para la agrupación de padres de familia en algún fraccionamiento de Guanajuato.

Intrascendente, el berrinche, a fin de cuentas. Los Gallos están en la “Liguilla”

 

2.

El hermoso olor a caño que señala que ya pasa del medio día.

Oficinista.

 

3.

Las pinturas de Jason Shawn Alexander. (Es cierto que ya no puedo ver pinturas sin pensar en publicidad. El cuadro se ha ido convirtiendo, lentamente, en el poster. O peor aún, en el espectacular.)

Artist painter Jason Shawn Alexander paintings

(Booom)