Martes

1.

No que haga falta motivo –eso queda claro por la tolvanera de comentarios y manos alzadas que responden afirmativamente a la dudosa práctica de la lectura: uno debe estar preparado para mostrar la cartilla de lecturas–, pero gracias a una traducción en la que estoy enfrascado, comencé a leer a Proust.

Lo había intentado una vez antes, en la universidad, con resultados catastróficos en lo cuantitativo y mediocres en lo cualitativo.

El asombro no podría ser mayor. Precisaba yo de ciertas disposiciones temperamentales de las que no disponía en aquel momento para apreciarlo así. Conviven tan bien el humor y el tedio, la sintaxis inclemente y los hallazgos de dos palabras que solo después de haber renunciado a una lista considerable de pretensiones es que lo puedo apreciar así. En otras palabras, En busca del tiempo perdido no es un libro para rockstars; más bien otoñal, apela a la mediana condición, a los viernes por la tarde sin compromisos en la agenda ni desilusión por no tenerlos.

 

“Cesaba la influencia anestésica de la costumbre, y me ponía a pensar y a sentir, cosas ambas muy tristes”.

(I, 20)

2.

Los Gallos llegaron a la semifinal. Perdieron.

Si me tomara más en serio este deporte, estaría escribiendo que no perdieron con el esperado desmoronamiento de un equipo bendecido por el azar.  Perdieron como pierden los radicales: heridos por propia mano. Un autogol impresionante, una conquista de la esquina inalcanzable. Con eso fue suficiente. Cuando el rival intentó anotar a su cuenta un gol legítimo, el portero queretano estiró las manos y paró el penalti. Esta muerte era un suicidio. El último pinchazo fue sacar del campo al subcampeón de goleo a la mitad del segundo tiempo: empatar y perder por tecnisismos habría sido indecoroso: un autogol pulcro, elegante, con eso fue suficiente.

Ahora contratan a Cuauhtémoc Blanco.  Nada se anuncia acerca del futuro de Adolfo “El Bofo” Bautista.

Si me tomara más en serio este deporte, estaría escribiendo que esta apuesta es una estética, no estratégica. Es una negativa a conformarse a la moda: si los ganadores son los ágiles, los veloces, los intempestivos, nosotros no lo serermos. Nosotros seremos lentos y cansinos, apenas haremos esfuerzos proletarios por recuperar el balón si lo perdemos, pero, escuchen bien, pero no echaremos en falta inspiración. Dos medios creativos en una alineación son multitud. Dos medios cuya creatividad es cosa más de fama que de hecho, cosa más de “momentos” que de “elaboración”; dos medios irreductibles a la vulgaridad de un equipo, individuos hasta el pasmo, la inmovilidad o las lesiones que los mantienen en la banca.

3. 

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