Lunes

1.

No sólo es contradictorio y destempla al cuerpo, sino que dormir sin descansar incentiva esos pequeños episodios de delirio diurno que parecen salidos de una pésima película latinoamericana. Algo como de Eliseo Subiela o alguna tristeza por el estilo. Dan ganas, además, de echar “una pestaña” en cualquier parte. Y eso se traduce en una serie de cálculos irreales e imprácticos —cómo sería acurrucarse debajo del escritorio vacío, o cuántos minutos podré soportar con el cuello colgando hacia atrás en esta silla—, acometidos con intensidad.

Dormir sin descansar da frío y revuelve el estómago.

Dormir sin descansar es como tener un permanente botón rojo del teléfono avisando que hay mensaje, y no lo hay.

 

2. 

He dejado de lado un poco a Proust. Sin embargo, aquí una cita sobre él. Dice Torri, y no podría tener más razón: “Proust pudo haber comenzado su gran obra A la búsqueda del tiempo ido diciendo: ‘Canta, oh Musa, los ccelos y el snobismo…'”

 

3. 

En lugar del Proust diario, podría inaugurar El kwan diario del tio Cyril. Por ejemplo:

“The insect resembles a leaf at the wish of a tree.”

Medítenlo.

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