Martes

1.
El día está ahorcado por el insomnio y las fallas técnicas. De esa asfixia emergen, como burbujas en los pulmones, unas cuantas ideas. Ninguna inspirada ni memorable —es todo lo mejor que tengo:

Mi dependencia de internet no pasa por la realidad de las necesidades sino por la posibilidad de que me vaya a hacer falta. Como pocos días sentí más compulsión por dar click a un botón que sabía de antemano irresponsivo. No dejé de pensar que todos los correos de la oficina eran importantes y no estaban llegando. Un día sin internet eleva la imagen que uno tiene de sí mismo y de su relevancia. Durante las horas que estuve sin acceso, supuse que tantas y tan vitales cosas dependían de mí como nunca antes lo había hecho. Ahora que ya hay internet regreso a mi justa medida: la talacha nunca ha sido cuestión de vida o muerte.

Qué terrible es descubrir que uno tiene el mismo humor que el más desesperante de sus tíos.

Tal vez sólo soy yo pero, no poder satisfacer el insomnio me lleva a un estado de hipersensibilidad que hace que la menor ondulación anímica provoque en mí tristezas hondas. Curioso que no lleve a la carcajada estertórea: siempre hay que andar de sufridores.

 

2.

El kwan diario del tio Cyril:

“One book for each lifetime and the rest is fame, ease and freedom from Angst”

Medítenlo.

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