Viernes

1.

Leí hace poco que dedicar diez minutos a alguna cosa antes de iniciar el día es una manera sana de “iniciar” proyectos. No sé si sea útil, pero estoy consciente de una cosa: estar al tanto de estrategias como estas más que mi dedicación a mis proyectos, revela mi incapacidad para concentrarme realmente. Y no sólo eso: revela que soy vano y que confundo la superficie por el todo.

Sucede lo mismo con mi frenesí por hallar distintos procesadores de texto para trabajar. No le dediqué más horas de las que le dedico a expurgar el Google Reader en pos de textos interesantes, pero aun así me pareció un empeño desproporcionado (aunque, a decir verdad no llegaría a tildarlo de inútil: ahora escribo en una plataforma nueva que está bastante coqueta, que suaviza el contraste de las letras con el fondo sin perderlo, que te permite llevar la cuenta de las palabras escritas con mucha soltura e imponerte metas y programar sesiones de trabajo. La pantalla completa está convertida en una página en blanco. Tiene la opción de hacer ruidito de máquina de escribir –en los comentarios alguien describió este ruido como: “so soothing, calming even”. Una chulada, pues, este programa que además de todo es gratis. Todo lo anterior es evidencia de que soy vano y que confundo la superficie por el todo).

De vuelta al tema de los diez minutos: estoy crudo sin quererlo, estoy angustiado por costumbre, estoy pensando en los pendientes para el fin de semana, pero tengo que, según la recomendación aquella, dedicar diez minutos a “empezar”. Ya todo lo demás, decía el post ilustrado con una imagen de un reloj electrónico marcando 10:00, vendrá solo; el problema es empezar, enfatizaba. No sé si sea mi problema, no sé si después de que yo empiece el día dedicándole estos diez minutos –automáticamente contabilizados por mi nuevo procesador de textos, y despreocupado yo porque tiene integrada una alarma que me avisa el momento en el que se cumpla mi “meta”– todo lo demás empiece a darse solo. No lo sé porque no tengo ni idea de qué es es ese todo lo demás.

Por lo pronto, en cuanto a lo superficial, creo que vamos bien: los diez minutos se cumplen y siento que sí, que algo se echó a andar.

 

2.

Llega un extraño olor a cacahuates. Hace rato era un perfume bastante penetrante y poco grácil. En este rincón de la oficina terminan arremolinándose los olores que en ninguna otra parte parecen ser recibidos. Sigue oliendo a cacahuates y también a pasamanos de pesero.

 

3.

De pronto, las Prosas apátridas de Julio Ramón Ribeyro.

 

4.

El kwan diario del tio Cyril:

…if our nature is always wrong and wicked, how ineffectual we are—like fishes not meant to swim.

Medítenlo

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