Lunes

1.

De pronto, la cita memorable.

La frase célebre, la pedreria argumental que subsiste en antologías y en páginas de internet dedicadas a la bisutería de inspiración. De pronto, esta frase que ha servido como epígrafe, que salpimenta los discursos públicos y enorgullece a quien la reconoce al vuelo, aparece. Aparece de pronto en el lugar del que salió.

De pronto, uno reconoce una frase entre los párrafos. Esa «perlita» vista tantas veces por sí sola, ahora en su contexto, arropada y oculta por las ideas que la anteceden, modificada por las que le siguen.

…the test of a first-rate intelligence is the ability to hold two opposed ideas in the mind at the same time, and still retain the ability to function.

Acepto mi ñoñería al decir que hallar esta «frase célebre» de F. Scott Fitzgerald en su contexto original me alegró la mañana.

2.

Qué horrible es encontrar una canción que quieres escuchar en loop infinito, porque junto al encanto está la certeza de que cada repetición es un desgaste, un tajo al encanto mismo. Qué horrible es encontrar una canción exquisita porque el entusiasmo la llevará a una muerte por miles de cortes.

Man On Fire

Es, me parece, un ejemplo de la «frase célebre» de Fitzgerald: cada nueva instancia de gozo acelera su extinción. Y hay que funcionar, es decir, uno sigue apretando el botón.

3.

El kwan diario del tío Cyril.

…iridiscent mediocrity

Medítenlo.

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