Jueves

1.

«Cuánta materia inventariada nomás en papel sobre tinta de retina»

-G. Deniz, «Oftalmica»

 

2.

Por fin, como Bruce Willis en aquella película que acompañó mi infancia -Hudson Hawk-, salgo del pendiente que me tenía recluido en un mismo tema, una misma angustia y una misma acción. Extensa y demandante, una traducción.

Jamás le había puesto «Save» a un documento de Word de trescientas cincuenta cuartillas a espacio y medio en Garamond, 12 puntos.

Respiro.

Llevé un diario durante todo el proceso.  Inició como una libreta de dudas y pendientes. Se convirtió en una mezcla extraña de especulaciones y pesares. Durante las primeras semanas, pensaba hacer algo con esa libreta, construir algo a partir de ella, entablar un diálogo con el autor del libro, algo; al ver qué quedó de mi cuaderno, prefiero más bien dejarlo guardado donde esta.

Un poco más de cienmil palabras.

Como los buzos, ando saliendo a la superficie con cuidado. Ayer no pude dormir sino hasta las cinco —así estuve durante los últimos días, estirando las horas laborales. Ahora, supongo, habrán de contraerse de nuevo. De las tres a las cinco hice muy poco. Volví a leer un poema de Gonzalo Rojas que incluye:

…la muchacha es la herida; el olor a su hermosura es la herida…

y luego estuve jugando con la nueva grabadora que ella me regaló y me quedé dormido con las luces prendidas y el hockey sin sonido en la pantalla de la computadora.

Respiro porque contuve estos últimos días.

Cienmil, trescientas cincuenta.

Respiro.

 

 

 

 

 

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