Jueves

1.

Desde ayer tengo dos ideas en la cabeza. No tienen que ver entre sí, pero paso de una a otra con poco orden y con menos fortuna intelctual. La primera es «el tonto primigenio».

No estoy muy seguro sobre la ruta que seguí para llegar a esa frase; recuerdo que me contaron una anécdota, y el protagonista de esa anécdota que me contaron siempre me ha parecido un imbécil.Y de pensar «tonto de antología» eventualmente, maromas varias de por medio, cai en ese raro lugar de especulaciones sin fondo ni lógica: puro regodeo. «¿Habrá habido un tonto primigenio? Ese personaje al que el resto de la tribu abucheó por primera vez; ese desafortunado individuo cuyas neuronas disparaban con laxa irregularidad…

La otra idea que va y viene es una que tiene que ver con la generosidad como virtud, como actitud vital, como práctica, como elemento crucial, como ñoñería, es decir, creo que ando queriendo leer un elogio de la generosidad.

 

 

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Miércoles

1.

Una vez que se ha terminado el hockey, ahora estoy escuchando la transmisión por radio de los partidos de beisbol. Hay, bendita parsimonia, algo profundamente melancólico en escuchar a dos hombres desmenuzar anécdotas y estadísticas por dos horas y media. La vida es lo que sucede entre los lanzamientos del pitcher.

2.

Traigo un reloj en la muñeca. Hace mucho tiempo que no usaba reloj. Y ahora no puedo evitar la sensación de que mi mano izquierda sobreactúa todos sus movimientos.

3.

[Imagen]

4.

Dice Ribeyro.

Esas mañanas nulas, canceladas, en las que escucho música sin oírla, fumo sin sentir el sabor del tabaco, miro por la ventana sin ver nada, pierdo en realidad todo contacto con la realidad sin que por eso acceda a un mayor contacto conmigo mismo, esas mañanas, ni en el mundo ni en mi conciencia, floto en una especie de tierra de nadie, un limbo donde están ausentes las cosas y las ideas de las cosas, y no me dejan otro legado, esas mañanas, que una duración sin contenido.

Martes

1.

La subversión —cuando la renuncia es imposible, o inviable— se vuelve ñoña dentro de una oficina. El placer revoltoso está en leer poesía en hora pico; dedicarle más tiempo del necesario a escrutar las páginas de chismes del periódico o estar leyendo todo lo posible sobre el partido de futbol que, obviamente, habría que hallar en algún canal de streaming para cuando el medio día esté menos soportable.

Por ahora, esta mañana es de esas: para qué trabajar si todo es futil, para qué dejar de trabajar si la nómina es quizá el único espejismo al que vale la pena aferrarse en medio del desierto.

Mi placer subversivo está en ir horadando los viejos ejemplares en línea de la revista Poetry. En este caso, un pequeño poema de Wendell Berry publicado en 2001.

Why.

Why all the embarrasment

about being happy?

Sometimes I”m as happy

as a sleeping dog,

and for the same reasons

and for others.

2.

Lo único cierto es el fracaso. Dicen.

Lunes

1.

La confusión y el desconcierto han hecho nido en la escueta zona de mi cerebro dedicada a la participación política. Si bien he votado en todas las elecciones en las que he podido, mis interacciones con el cuerpo político se limitan a esos eventos discretos. No soy activista, y el chisme político más bien me aburre. En esta ocasión, entonces, tanta atención puesta a este proceso electoral me tiene mareado, destemplado, como a punto de enfermar de gripa.

Hasta donde entiendo, creo que mi disyuntiva es la de varios: no al pri, no al pan, pero, ¿de verdad el prd? En mi caso, decenas de objeciones, reparos y condicionantes mal explicadas se reducen a una frase: el problema son los duros. No he decidido mi voto porque el problema son los duros, porque se gobierna con los duros, y nosotros, los indecisos y eventuales, no somos los importantes: los que importan son los duros, y por ello son el problema.

Hay que pronunciarse. Hay que deslindarse. Hay que renovarse moralmente. Hay que cohesionarse. Hay que señalar y aferrarse.

2.

What determines a work’s longevity is in many cases an accumulation of unliterary accidents in the lives of individuals years and sometimes even decades after the writer has gone unto the white creator.

3. 

Edward Sharpe & The Magnetic Zeros – Man On Fire [Official Video] from Edward Sharpe on Vimeo.

Miércoles

1.
En el asiento frente a mí, un adolescente estudia. La Acropolis, una vasija pretendidamente rescatada de la tierra, una toga que cubre a un hombre de semblante adusto, todo hecho con el trazo pedagógico de las láminas literales, el complemento al párrafo. La Grecia Clásica, dice el encabezado en letras púrpura.

Si mis lecciones equivalentes tuvieron algún efecto, puedo afirmar entonces que el púrpura era patrimonio inicialmente fenicio. Ni idea tengo ya de por qué era una ventaja competitiva, un motivo de enriquecimiento lícito, pero las laminas que acompañaron mi educación daban a los fenicios barbas largas y un tinte violaceo a sus togas.

2.
El imaginario personal está cooptado por la necedad de los intentos fallidos. En los días malos, el diálogo interno suena algo así: “Fracaso… Aja, el fracaso… El fracaso y sus detalles… ¿Cómo hablar del fracaso?… Fracaso…”.  Son días en los que el cuaderno de notas parece más bien una hoja utilizada para probar si la pluma tiene tinta.

 

3.

Por ahí,  dice Wallace Stevens,

“In my room, the world is beyond my understanding”.

Intermedio

Es desconcertante la intensidad de la vergüenza y hasta la culpa que surge de no actualizar el blog. Se convierte en una persecución criminal –una pantomima de persecución criminal esquizoide, con una parte haciendo las veces de fiscal y detective, la otra, huyendo y enmascarándose. Y una parte más de espectador.

Es así, pero no hay manera de escapar la realidad: un blog no es para tanto. Este es un blog y su propósito es avergonzar a quien lo firma. Es un blog personal y su relevancia es nula. Es un blog personal y las diversiones y los intereses que provoca se asemejan a una bitácora, a un diario que rara vez deja el cajón en el que lo guardo.

Aún así, el drama íntimo hecho marginalmente público, o “público” [así, comillas y todo] sigue siendo atractivo para mí. Esta corretiza y estos súbitos azoros tienen, qué se le va a hacer, algo de gusto. El jaloneo entre postear y no postear, por todo lo pesaroso que puede ser, emociona. Para vidas aburridas, el vértigo de decidir si vale la pena transcribir esas notas y esas ocurrencias, titularlas, buscarles imagen y música de fondo y postearlas.

No hay manera de escapar la realidad: un blog no es para tanto.