Intermedio

Es desconcertante la intensidad de la vergüenza y hasta la culpa que surge de no actualizar el blog. Se convierte en una persecución criminal –una pantomima de persecución criminal esquizoide, con una parte haciendo las veces de fiscal y detective, la otra, huyendo y enmascarándose. Y una parte más de espectador.

Es así, pero no hay manera de escapar la realidad: un blog no es para tanto. Este es un blog y su propósito es avergonzar a quien lo firma. Es un blog personal y su relevancia es nula. Es un blog personal y las diversiones y los intereses que provoca se asemejan a una bitácora, a un diario que rara vez deja el cajón en el que lo guardo.

Aún así, el drama íntimo hecho marginalmente público, o “público” [así, comillas y todo] sigue siendo atractivo para mí. Esta corretiza y estos súbitos azoros tienen, qué se le va a hacer, algo de gusto. El jaloneo entre postear y no postear, por todo lo pesaroso que puede ser, emociona. Para vidas aburridas, el vértigo de decidir si vale la pena transcribir esas notas y esas ocurrencias, titularlas, buscarles imagen y música de fondo y postearlas.

No hay manera de escapar la realidad: un blog no es para tanto.

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