Martes

1.

La subversión —cuando la renuncia es imposible, o inviable— se vuelve ñoña dentro de una oficina. El placer revoltoso está en leer poesía en hora pico; dedicarle más tiempo del necesario a escrutar las páginas de chismes del periódico o estar leyendo todo lo posible sobre el partido de futbol que, obviamente, habría que hallar en algún canal de streaming para cuando el medio día esté menos soportable.

Por ahora, esta mañana es de esas: para qué trabajar si todo es futil, para qué dejar de trabajar si la nómina es quizá el único espejismo al que vale la pena aferrarse en medio del desierto.

Mi placer subversivo está en ir horadando los viejos ejemplares en línea de la revista Poetry. En este caso, un pequeño poema de Wendell Berry publicado en 2001.

Why.

Why all the embarrasment

about being happy?

Sometimes I”m as happy

as a sleeping dog,

and for the same reasons

and for others.

2.

Lo único cierto es el fracaso. Dicen.

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