Miércoles

1.

Ayer la hueva fue sorprendente. Era tan pertinaz como un cuadro depresivo; no había manera de sacudirla, todos los esfuerzos eran vanos, la pretención de que «un esfuerzo» sería suficiente para disiparla era irrisoria y tonta. Ayer fue la hueva.

Hoy, si el plan es identificarlo así, es el entusiasmo bobo. Y aquí se inicia ese deslizamiento peligrosísimo de las preguntas sinceras y simplonas que planteamos en silencio y evaluamos al tiempo que perdemos el foco y los ojos se hacen los de una estatua: ¿será que todo entusiasmo es bobo?

Pienso en entusiasmo e imagino un cachorro que se mea.

Este entusiasmo bobo puede ser simplemente un dolor reflejo de la disenteria que supongo que la comida de hoy me dará. Una carne horrenda, tan solo neutralizado el golpe de ese bocado por el trago de cerveza. Tal vez el entusiasmo bobo sea simplemente un daño colateral por haber podido leer ininterrumpido durante todo el trayecto en pesero hacia la chamba.

Pienso en entusiasmo e imagino un video que compila caídas y tropiezos de viejecillos en pantalones cortos.

 

2.

 

3.

Así como hay gente que, admirable y tenaz, escribió sobre The Dark Night Rises sin intimidarse por la cantidad de publicaciones previas, asi creo que empezaré, con toda tenacidad, aunque intimidado —una mediocridad iridisciente— a escribir sobre los deportes olímpicos.

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