Lunes

Fecha 3. Pachuca (1) – Querétaro F.C. (1)

1.

No transmiten el partido. No por televisión abierta. Ninguno de los dos canales de TV Azteca. En uno, pasan una película de baile juvenil. En el otro, Rocío Sánchez Azuara anda dirimiendo los escándalos intrafamiliares de un grupo de analfabetas funcionales. El partido que sí están transmitiendo es el Atlas-Tigres. Bien podría quedarme a ver ese, en el sillón de la casa: ser por esa noche un aficionado a Tigres, esperar que claven tres o cuatro y desmoralicen completamente al Atlas. Importa, pues, para la causa del Gallo. Pero qué pesadillita no poder ver el partido. Vuelvo a los canales: Película y psicodrama.

No tengo nada contra la ciudad, pero una noche de sábado en Pachuca no era nada inspirador. Supongo que por eso la televisora decidió no enviar a su equipo de transmisiones. La ciudad –que guarda para sus visitantes un par de dinosaurios de fibra de vidrio en un camellón, o una gigantesca escultura al Bambidedo en alguna de las heladerías del centro–, visitada por un equipo notablemente mediocre como el de mis amores, era una combinación desastrosa para el rating. Supongo que ese fue el cálculo: ahí tienen su partido, disfrútenlo ustedes, asistentes efímeros al estadio airoso; nosotros capitalizaremos en anuncios de aceites de mesa y pañales mientras vemos como dos jefas de familia se disputan la posesión de un cuarto de azotea y Rocío Sánchez Azuara intenta hacer sentir culpables a todos.

 

2.

El partido lo hallé por internet, obviamente. La transmisión era de Univisión y los narradores bastante regulares. Lo único verdaderamente molesto era su inexplicable compulsión por mencionar el segundo apellido de todos los jugadores. El recuadro en la computadora cada cierto tiempo era invadido por una publicidad que buscaba hacer de mí uno más de los pobladores de los call-centers, esas repúblicas paralelas. A pesar de eso, no me perdí de nada relevante. Porque lo relevante sucedió en momentos discretos y sucintos. Lo demás fue fealdad.

Hay eventos felices hechos de fealdad. Que sean feos no es algo necesariamente malo: una descripción y nada más. Son eventos felices, y por ello está todo bien. Pero son feos. Desagradables, difíciles de apreciar. Es decir, eventos cuya descripción particular, cuya cualidad sobresaliente es que contravienen los principios estéticos que están asociados con él. ¿Qué más da, pues? El evento fue feliz. Hay eventos felices que son ejecutados de manera mediocre. ¿Pero qué más da, pues? El evento fue feliz.

Primero un gol trompicado y tempranero de Luis Ángel Landín. Resulta que mi equipo está en ese tipo de limbo en el que hay nuestro ariete goleador es Landín, aquella promesa que languideció como tantas otras promesas y ahora, ya como jugador maduro, se instala en la parte baja de la tabla del talento. Un pase preciso, inteligente que controla con cierto trabajo, el portero de Pachuca se entrega y barriendo, Landín hunde el balón en la portería. Empieza bien. No importa, tan temprano, el planteamiento táctico: el gol temprano alborota al hormiguero más estricto. El desorden es tal que hasta el árbitro se aloca: expulsa al defensa más hábil del Pachuca. Todavía no va ni media hora y el Querétaro tiene uno más.

Y contrario a todo lo esperado: el Pachuca, unos minutos después, anota un gol. El del empate. Con cuatro toques largos. Los defensas queretanos no parecen defensa y parecen defensas queretanos: pierden la marca, se pasan, no hacen la cobertura. El portero ni siquiera puede adivinar el tiro, tan a quemarropa. Y luego, para cementar la fealdad y lo mediocre, otro defensa queretano interrumpe una jugada en el campo del Pachuca y, por lo artero y lo obvio, le sacan la segunda amarilla. «Una inocentada del jugador», dijo después Sergio Bueno. El Querétaro, antes de que acabe el primer tiempo se encargó de dilapidar la ventaja y sentarse sobre un empate feo y mediocre.

 

3.

No pasa más en el partido, nada más de trascendencia. Lo más importante sucede en Monterrey, donde el Atlas pierde de visita. El Querétaro, afortunado, es por primera vez penúltimo lugar en la tabla del descenso; segundo en la fila de los que se van al limbo. Por primera vez hay un respiro. Cierta ligereza, una sonrisa y una exhalación: todos los eventos fisiológicos que señalan distensión. Al final de la tercera fecha, además, el Querétaro se ubica en la quinta posición de la tabla general. Hay eventos feos y mediocres que sin embargo son felices.

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