Lunes

Jornada 17. Querétaro F.C. (2) – Puebla (3)

1.

Mi equipo, ahora sí, está en la Primera A. Situación sin duda extrema para el fanático, lo cierto es que en este esquema de competencia, pocos tienen que sentir siquiera el ardor de este destino cabrón. Al tener esa tabla de porcentajes, los equipos pueden ir administrando sus legados, dosificando sus años terribles y estar siempre más fuera del alcance de la fatalidad. A mi equipo le pasó lo que a los obesos: no se murió por las doce tortas de tamal que desayunó el día del infarto, sino por la década de gansitos, pambazos y refresco de dos litros. Se le pasó la mano al dosificar su mediocridad, pues.

 

2.

Les cuento qué se siente, ustedes que le van a los equipos que no bajan:

 

3.

Pinche ardor. El corajito es similar a cuando recibes un zape, un puñetazo a la cara que no tienes tiempo de responder: puro pinche ardor. El calendario de juegos ofertó la posibilidad de un final de fotografía que por las razones explicadas en la crónica previa, no tuvo lugar. En cambio, jugábamos por once goles, o sea por nada. Jugaban los Gallos para mostrar que sabían irse al frente y fingir que había oportunidad. Y uno, ardido, veía al Puebla, el equipo que se salvó en lugar de los Gallos, ser lo medrosos que fueron todo el torneo: (Raúl Arias entró como asesor urgente para la última jornada y el siguiente torneo, así de osados). Y eso da más pinche corajito. Saber que el octavo lugar del torneo es el que desciende sí cala.

 

4.

Y junto con el chingado coraje, lo que hay es una compleja sensación de temblor existencial. ¿A dónde se va la afición –ese atado de emociones e insensateces– cuando los dueños deciden desaparecer al equipo? ¿A qué era eso a lo que uno le «iba» desde el principio? Es desconcertante, irresoluble y tristísimo. Tengo para mí que le iba a la idea del futbol en el estadio de mi localidad, pero no sólo eso. También le iba a una plantilla de veintitantos jugadores de habilidades cuestionables que jugaban sabiéndose los peores y aún así lograron hilar varias victorias al hilo y terminar en el octavo lugar del torneo. Pero no sólo eso. Le iba también a los Gallos, es decir, a un escudo que de pronto desaparece, y una camiseta que más o menos conserva cierta cercanía con la camiseta que compré por primera vez cuando estaba en primaria y estaba seguro que tendría una carrera ejemplar como medio de contención en el futbol profesional. La afición es puro apego a los fantasmas. Le voy más a ese álbum personal que he ido armando sobre los Gallos, que a los Gallos mismos –es decir, este plantel, estos dueños, este torneo. Pero también le voy más a que el estadio de mi localidad tenga futbol aunque esta «afición» no sé explicarla –algo que tendrá que ver con la nostalgia y el más amorfo regionalismo. No es seguro que el equipo desaparezca, ahora que está descendido; tampoco es seguro qué será de él. Y esa incertidumbre es la que no se permitiría con equipos de mayor caché. O quizá sí. Quizá esto del descenso ejemplifique de mejor manera la intrascendencia de tan importante deporte.

 

5.

También hay cierta resignación empoderada: algo tendrá de mérito volver al pantano del que salimos hace dos años y repetir la gesta, y estar, como aficionado, cerca del equipo para ver cómo lo logran.

Todo esto es una suposición: el equipo está en la Primera A, y quién sabe si mañana decidan que se acabó, que no hay más lana, que no hay más dueños. Entonces sí, a lanzarse de cabeza al zarzal aquel que se abre frente a la pregunta sobre a qué le «va» uno, en realidad.

3 thoughts on “Lunes

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s