Martes

[Este fin de semana hubo futbol. Vi dos partidos con atención. Después de ellos, escribí esto]

 

Elogio del manejo del resultado

Es una costumbre tan regular en esta latitud como la cuesta de enero. El equipo va ganando, el equipo juega bien. Tiene el balón y no lo presta. Llega rápido y seguido al área rival. Se detiene poco a meditar si conviene  ir hacia delante. Los laterales hacen sus recorridos de regreso confiados en que los delanteros ayudarán a defender: el equipo es un bloque que sabe a lo que juega. Y como premio emboca  tres o cuatro goles. Ya vamos en el minuto cincuenta, cincuenta y cinco. Ya falta menos para que pite el árbitro y podamos irnos al asado y las frías. Y entonces sucede, regular como intestino de vegano: el entrenador –no importa que sea local o fuereño, todos lo hacen– echa un chiflido y dos gestitos con la mano que a grandes rasgos quieren decir: “Capi, mete el camión al área chica!”

Milagrosamente no le voltearon la tortilla al equipo. Empataron a cuatro, a tres. Tan conocidos como los diálogos de una pastorela, las explicaciones del DT: El rival apretó. El rival hizo las cosas bien. El rival nos cerró los espacios. El rival tuvo oportunidades claras y las concretó. Perdimos el balón.

Todos sabemos el verdadero motivo de tan desastrosa voltereta: algún manual oscuro que, no obstante que no se conozcan ejemplares, todo entrenador en esta liga tiene memorizado, dicta: si vas ganando después de diez minutos del segundo tiempo, aguanta el resultado.

Seamos honestos, esto no es el catenaccio. Nuestros defensas no muerden las espinillas, no hay sangre ni hematomas, no hay expulsados por su furia: hay once timoratos metidos detrás del área grande, corriendo tras el balón, saltando y girando para no ver el tiro y que de paso no les desgracie el rostro con el que pretenden anunciar refrescos. No somos italianos ni nos sale: defendemos como jugaba hace quince años Nigeria: a correr y meter la pierna tarde, regalar tiros libres y en ocasiones especiales, penales. Nosotros lo que hacemos es regalarle un altero de grava al rival para que nos apedree el rancho. Nosotros lo que hacemos es manejar el resultado.

 

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