Sandeces Mundialistas. Día 0

La necedad es una práctica sin origen: el primer necio habrá perecido masticado por un tigre o muerto viejo y satisfecho gracias a su obstinado ingenio, quién sabe. En cualquier caso, se propagó y es parte del arsenal de disposiciones ante el mundo. Y como en todo, hay grados: la necedad mínima –presente en todos–, la preciosista, la meticulosa, la vociferante, la sobrecogedora. Y como en todo, los grados de necedad dependen no solo de la persona que los pone en práctica sino del contexto en el que se halla. Habrá situaciones que incentiven el recurso de una necedad rabiosa en la más timorata de las personalidades; o viceversa.

Sucede que cada cuatro años sucede lo mismo: un Mundial que activa una necedad autosuficiente bastante molesta en mí. En otros generará actitudes más nobles o más entendidas: fanatismo, abandono, erudición, falsa erudición, en fin. En mí, la más satisfecha de las necedades. Para precisar, una necedad que se resumen en la siguiente frase:

Hay Mundial: hay que opinar.

Y opino. Con abandono. Como si supiera. Como si importara. Esta necedad mía tiene un reverso quizá algo más esotérico: en la cara opuesta de la obsecación está la fe en que, de alguna manera, la opinión emitida contribuye, importa y sirve. Para ser honesto es una fe, como tantas, casi inconsciente. Si me pregunta, negaré categóricamente pensar que opinar sirve de algo. Así es la necedad.

Quizá el único distintivo de esta sección recóndita del panel de opiniones es que no tengo ni la más remota idea de lo que hablo. En este hogar se opina con la certeza que da la ignorancia feliz, el desconocimiento entusiasmado. Necedades, propiamente, es lo que ofrezco.

Como todavía no hay partidos, lo conducente es ofrecer alguna predicción.

Llené dos quinielas con trabajos. De ganar una, la oferta de dinero es suficiente para comprar dos botellas de ginebra o un nuevo juego de xbox. La segunda es sólo por el gusto de ver mis poderes predictivos aniquilados por la realidad, tan inmisericorde. A pesar de mi absoluta incompetencia para este tipo de apuestas, aquí están algunas de mis aseveraciones.

– México no pasa a la segunda ronda. Se queda con dos puntos, después de jugar muy bien a ratos los inicios de los segundos tiempos. A Croacia, casi le ganamos.

– Estados Unidos, antipáticos y eficientes, le pegan la sorpresa al grupo G y se cuelan a la segunda. Pobre Portugal.

– Irán no suma puntos. Honduras uno. España pierde algún partido y la conmoción generalizada se anuncia el fin del Tiqui-Taca

– Uruguay, caballo negro institucional, no pasa del grupo, Inglaterra le arrebata a fuerza de patadas el segundo puesto.

– El grupo H, el de Bélgica, Argelia, Rusia y la República de Corea, empatan todos sus partidos y fundan un acuerdo de cooperación económica cuatrilateral.

– Colombia será la única selección del Mundial cuyos dos delanteros se líen a golpes durante el partido. Pasará como primer lugar de grupo.

Toca el turno a la realidad, tan inmisericorde.

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