Sandeces Mundialistas. Día 1.

Aunque hay momentos en los que parece que sí, lo cierto es que las obviedades no se escriben solas. Exigen esfuerzo concentrado para lograr que armonicen y suenen naturales. Requiere oficio, la obviedad, porque en bruto es tosca y poco dúctil. Como a los pulpos, hay que masajearla, en este caso con ingenio y alguna palabra lucidora, para hacerla masticable. Estas sandeces, además de ser el registro diario de la rebaba de opiniones que este servidor amase, representarán también treinta y dos intentos por domar a la obviedad. Dichoso yo. Dispénseme entonces que la oferta de ignorancia se presente bronca y falta de ritmo. Supongo que al final del Mundial, si no otra cosa, por lo menos tendrá un sonsonetito machacón como de niño guía de turistas.

Bonito espectáculo el de la sospecha. Si, como dijo algún experto en lugares comunes, la competencia deportiva es la lucha entre dos voluntades enfrentadas, qué ingrato es que aparezca una tercera voluntad con un silbato para ponerle el piecito a la balanza e inclinarla a favor de, qué remedio, el dueño de la casa. El partido iba bien, me parece. No había necesidad, Nishimura, de accionar el botón rojo. No todavía, por lo menos. El famoso medio campo de Croacia, empezaba a dar pelea; los brasileños estresados y exigidos son más entretenidos que cuando les da por hacerse los Globetrotters con dos goles de ventaja. Apenas se ponía bueno esto. Seguro algún trajeado precavido le recordó al de negro que el servibar del hotel no se paga solo. Pero dirimir las intenciones del de negro es dar un paso fuera de la cancha y más bien subirse al panel a discutir de tecnicismos. Y para eso del debate soy casi tan malo como para la columna de opinión.

Al rato México se juega casi todo en el primer partido. La alineación ya circula –la transparencia no es, me parece, una virtud para el DT; en todo caso filtrar algún error, esconder alguna granada de mano en el listado. Sería fantástico ver mañana saltar cantar el himno a once distintos de los mencionados y haber anotado, por lo menos en nuestra cuenta personal, la primera chicanada. La matemática está clara: que el japonés Nishimura haya hecho buena dupla con Neymar le cae de perlas al Piojo y sus entrenados. Lástima que la matemática no nos ayude, como el exoesqueleto al paraplégico en la inauguración, a meter el balón.

Desde en la mañana he estado masajeando el chiste. Le corté con cuidado el excedente, y lo fui dejando, según yo, a punto. Ahora que toca escribirlo, renuente, me achico. Ya no parece ni gracioso, ni chiste. Más bien parece una lerda explicación, un diagnóstico enredado. Pero, como sucede siempre, ni modo que desperdicie lo que he estado acicalando desde en la mañana. Así se publican los peores libros: ni modo que desperdicie este borrador que manoseo desde hace dos años. En fin, el chistecito era:

Desde hace rato que jugamos a bien a ratos, nos cuesta meter gol, y perdemos en al final, por genialidades ajenas o descuidos propios.Si la FIFA admitiera como criterio para determinar al ganador, un sistema de jueces y tarjetas, México, llegaba al quinto partido por decisión dividida.

Tan tan.

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