Segunda quincena

[Esto es, para ser claros, un plagio de una forma conocida: la columna de lecturas. Si no otra cosa, estos esfuerzos serán la confirmación por entregas de mi compromiso total con el ridículo.]

 

  • Beltracchi: The Art of the Forgery (casi toda)
  • Era la guerra de las trincheras, Jacques Tardi
  • How Should a Person Be, Sheila Heti
  • Let’s Explore Diabetes with Owls, David Sedaris
  • Rompecabezas antiguo, Pedro F. Miret (a la mitad)

1.

¿Cuánto de la arenga es reclamo, cuánto del reclamo es arenga? Lo pregunto pensando en las resoluciones de año nuevo. La segunda quincena del año es la quincena de la arenga y el reclamo, me parece. Hay suficientes días en enero para perder el rumbo, suficiente vuelta a la normalidad –en la medida en la que disponer de tiempo, tener a la familia cerca y estar entusiasmado regalando cosas caras a personas de dudosa fraternidad es algo que no sucede la mayor parte del tiempo– como para hacerse una idea de cómo será uno el resto del año. ¿Cuánto de la arenga es reclamo; cuánto del reclamo es arenga? Y, como cada año, la evidencia es contraria a esa pregunta planteada con insistencia y altanería al final de año: cómo debe uno ser. Uno debe ser de casi todas esas maneras que no está uno siendo, dice la segunda quincena. A veces. Otros, quizá, tienen más fuerza de voluntad, más genio, más fortuna. Nosotros no.

2.

Ver casi un documental completo no es manera de refrendar los votos de mejora. (Y a todo esto, ¿a quién le ofrece uno todos estas pretensiones de cambio, todas esas promesas?) No fue a modo de juicio del material: la modorra fue toda mía. En pantalla un hombre y una mujer estafan a mucha gente. Venden arte falsificado pero validado por alguna autoridad, por el mercado, como genuino, auténtico. Luego, más tarde, resulta que el juego se destapa. Mucha gente se indigna. El hombre y la mujer justifican lo que hacen con soltura, sin golpes de pecho. Pasan tiempo en una

cárcel abierta: salen a trabajar todos los días y regresan a dormir en prisión. Grandes postulados sobre la autenticidad, sobre las condiciones que permiten que el juego, grandes elogios al falsificador, grandes burlas, no hay. Están las entrevistas de cajón, todos sentados frente a un fondo de libros o de arte, todos empacando bien las frases y manoteando solo a veces. Hay una ración esperada de armazones coloridos, de estampados y de lugares comunes sobre el engaño, lo genuino y demás.

3.

Yo por mi parte, hasta donde vi, hice todo lo que pude por reflexionar sobre el asunto. No llegué muy lejos. Sabía que estaba del lado del embaucador, quizá porque no fui víctima suya. Sabía también que mi admiración tenía que ver menos con ideas sobre el arte y más con la capacidad para ostentar la impostura con tanto desenfado. Ser un impostor y no ocultarse; no ser de esos impostores privados, que andan con su convicción de ser un fraude en bolsillo y no se atreven a salir del cuarto, vaya a ser que los descubran. Como nosotros.

4.

Tardi es un genio. La primera guerra mundial fue un espanto. Lo de menos era morir, es el corolario. El tema empezaba en el cómo morir, y continuaba con el para qué, y finalmente con el cómo vivir en ese territorio: la trinchera.

tardi

5.

La interrogante que da título a la novela de Sheila Heti fue la segunda razón por la que decidí leerla justo en este momento. Había intentado leerla cuando la compré, hace dos años, el día de mi cumpleaños, pero no avancé mucho. Llegué poco después del capítulo dedicado al sexo oral. Muy al inicio. Y casi no recordaba nada. Ahora, dado que el asunto en cuestión esta quincena era el asunto en cuestión en la portada de su novela, no había maridaje más auspicioso.

6.

Queda uno muy mal diciendo que la novela requiere un par de leídas más para poder comprender las cosas que están sucediendo en su interior. La pretensión es leer más, por ejemplo, no releer hasta comprender. En este caso, como pedía Nabokov, hacen falta otras seis lecturas más para poder apreciarla toda, como uno mira una pintura. “There is so much beauty in this world that it is hard to begin“, escribe. No es belleza lo que hay en su novela, pero si abunda una interrogante, una genuina interrogación por cómo ser, que es difícil saber por dónde comenzar.

7.

¿Cuál es la manera socialmente aceptada de la hipérbole en estos tiempos? ¿Cómo dicen los jóvenes ahora? ¿Una mamada, verguísima? ¿O me estoy fechando?

8.

Remachó el tema uno de los ensayos del audiolibro de David Sedaris, el que se llama “Day In, Day Out”. Sedaris habla de su diario, de escribir a diario en su diario, de escribir notas durante el día que después desarrollará en su diario. Y al final de cuentas, entre las reflexiones sobre la compleja relación entre vivir y escribir lo que uno vive, entre experimentar cosas y dejar testimonio de ellas, dice un par de cosas sobre la autenticidad. “No solo te hace recordar a la persona que solías ser”, escribe sobre el terrible poder de los diarios, “sino que te la embarra en la cara”. Intrigado y con rostro de entrevistado en documental, me pregunté en voz baja: “¿será que la autenticidad es una etapa, un momento transitorio: una fase?” Luego, para ocultar mi pendejada me reí en voz alta.

9.

No he terminado el libro de Miret. Qué raro es eso de insistir en eso de los raros. ¿Les dijeron “los que cuesta trabajo entender”?

10.

Better to have your failure right in front of you than the fantasy in your head”, escribió también Sheila Heti.

 

 

 

 

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