Rubbish

Un documental que no terminé de ver, Grey Gardens, (HBO hizo después algo con Glenn Close y Drew Barrymore) acerca de las dos mujeres que vivían en una mansión en literal estado de descomposición me viene a la mente ahora que ando pensando en los intereses pasajeros, en ese vicio clasemediero: tener aficiones terriblemente intensas y terriblemente fugaces.

Eran dos mujeres enfermas y enloquecidas, envueltas por pestilencias y basura, por hierbas incontrolables y por moscas, mordidas por los piojos y con el recuerdo de ser parientas cercanas de la ex primera dama Jackie Kennedy, y eso, de algún modo extraño se conecta –quizá sólo se conecta porque quiero conectarla pero en realidad no hay nada ahí– con las aficiones fugaces. Porque a aquellas mujeres el recuerdo les quedaba demasiado lejos; pero al mismo tiempo era una especie de espejo en el cual no podía evitar verse reflejadas. Era la paradoja que las alimentaba: saber lo que fueron y no poder evitar saber lo que fueron; estar hundidas en un presente fétido y conservar en la memoria un pasado prístino, un pasado idílico, cada vez más limpio, cada vez más lleno de posibilidades.

Tal vez las aficiones pasajeras funcionan del mismo modo: son las buenas intenciones que nos permiten mirar un poco por encima de nuestro entorno. Importa muy poco que estemos envueltos en mierda: sabemos que tuvimos algo más; que estuvimos conectados con alguna otra cosa que por fortuna se quedó más allá, protegida.

O quizá no. Quizá el documental es una tragedia y nada tiene que ver con las aficiones pasajeras.

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La imposición de Google Reader

Ni bien pasan dos días de esparcimiento y hueva de la más honesta y ya está a reventar el Google Reader. Como recordatorio de lo mucho que hay por hacer, de lo muy poco que estoy haciendo y de las nada pasivas exigencias que el mundo informativo impone a los expectadores, en negritas y entre paréntesis aparece el número de artículos que están “Unread”: 798.

Si los lectores no van a la página, que la página vaya a los lectores

La suscripción a estas alertas empezó siendo motivo de gozo: en un mismo lugar, como extensión del correo electrónico, la diversidad de aficiones y necedades. Me ahorraba así el paseo por las páginas. Y con el asombro reservado para los “gadgeteros tardíos”, me suscribí a cuanto blog y publicación se me ocurrió. A las que frecuento y a las que me gustaría frecuentar. La única condición era no entrarle a ningún minuto a minuto, a ningún servicio de noticias, porque entonces sí sería interminable la lista de artículos por leer. Hasta ahí, todo bien.

Tanto por leer y tan poquito ánimo

Después de un fin de semana de no tocar la computadora más que para ver algunos de los más idosincráticos juegos incluidos en el programa de las olimpiadas de invierno, el lunes por la mañana esos 798 artículos sólo incrementaron la angustia. El tema de fondo es la desidia personal y la multiplicación de las fuentes. Por todos lados hay cosas por leer, por todos lados hay información con la que alimentar las aficiones. Y no es tanto el tiempo lo que hace falta, sino la domesticación de la desidia. Uno, amarrado al potro de la hueva…

En caso de ingestión

Según una revista especializada, en 1964, un hombre aquejado con un desorden psiquiátrico ingirió una importante cantidad de objetos varios. Objetos imposibles de digerir.

En el estómago cargaba con un total de trece dólares con 61 centavos en pura morralla; un par de crucifijos, clavos suficientes para construir un comedor y un cartucho de rifle sin detonar.

El padecimiento tiene nombre desesperantemente malo, Pica. En las páginas del DSM-IV-tr, esa delicia del hipocondriaco, el catálogo de enfermedades mentales sancionadas por la American Psychiatric Association, se dice que entre 10 y 20 por ciento de los infantes exhibe síntomas de Pica durante su niñez.

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El lugar común del erotismo es que uno desea fundirse con su pareja; borrar toda frontera y hacerse uno. Imagino al desdichado que cargaba casi catorce dólares en la panza intentando hacerse uno con el mundo.

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Según la literatura especializada, la Pica (tantas posibilidades nominales y se decidieron por la menos sugestiva, por dos sílabas insulsas), es más frecuente en niños, mujeres embarazadas y pacientes psiquiátricos.

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El blog que recoje esta nota, Mind Hacks, no especifica si los objetos recuperados del estómago de este hombre fueron extraidos autopsia mediante o si salió del quirófano, es un decir, por su propio pie.

Tampoco especifica el género, la edad, ni la nacionalidad del paciente. Sabemos sin embargo, que cargaba en su interior una carta de la Oficina de Guerra de un gobierno no identificado envuelta en papel celofán.

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El lugar común de un mal entendido psicoanálisis enlaza la adicción al cigarrillo con aquella etapa infantil en la que el descubrimiento y la interacción pasaba por la boca. Imagino al desdichado que ingirió varios timbres postales intentando paliar su desconcierto.